miércoles, 24 de septiembre de 2025

Cartografía de palabras: el lector como constructor de su biblioteca interior

 



Leer es construir sentido: enfrentarnos a una obra, descifrar un código y otorgarle significación al texto. Pero ese proceso creador solo es posible si contamos con textos internos que dialoguen entre sí, con palabras que nos permitan dar sentido a lo nuevo. Ahora bien, ¿somos conscientes de esos textos que llevamos dentro y de cómo llegaron a nosotros?

Laura Devetach (Devetach, 2008) sostiene que todos poseemos esos textos internos —a los que llama textoteca—, seamos o no conscientes de ello, y que todos transitamos un camino lector. Michéle Petit (Petit, 2008) lo nombra autobiografía lectora, por ser único y personal. Incluso quienes aseguran no leer, o leer poco, tienen una textoteca, siempre que entendamos los textos en un sentido amplio, más allá del código escrito: hay muchas otras cosas que podemos leer.

Leemos los gestos faciales de nuestro interlocutor: sabemos si está alegre o triste. Leemos el cuerpo: no es lo mismo hablar con alguien de brazos cruzados que con alguien de postura abierta. Leemos la naturaleza, los paisajes, el cielo para intuir la lluvia, las imágenes y los discursos orales.

Desde el séptimo mes de gestación, el bebé reconoce ritmos y variaciones en las voces. Escucha la voz de la madre, las voces fácticas (el lenguaje cotidiano) y las del relato (el lenguaje poético) (Bonnafé, 2023). Aunque no comprenda las palabras de un cuento o una canción, percibe la voz, su musicalidad y su intención.

No importa solo el contenido de las palabras: también importan la situación, el quién, cómo, cuándo y dónde. El contexto y lo afectivo son decisivos. Así como arropamos a un niño con una manta, también lo envolvemos con palabras que lo protegen, alimentan y nutren para su desarrollo. Quizás ese entorno afectivo sea la razón por la que recordamos unos textos y olvidamos otros. Por eso es necesario generar un vínculo amoroso a través de las palabras, que una al referente adulto con el recién llegado.

Estos textos forman parte de nuestra historia y se integran, primero, desde la oralidad: nanas, canciones de cuna, arrullos, retahílas, juegos. Son los textos con los que nos recibieron al nacer:

 “La loba
 la loba
 le compró al lobito
 un calzón de seda
 y un gorro bonito.
 La loba
 la loba
 vendrá por aquí
 si este niño lindo
 no quiere dormir.”

También están las historias familiares: el día de nuestro nacimiento, las migraciones, los amores y desamores de los abuelos y parientes lejanos.

Son, además, los dichos populares que se repiten con variantes según cada familia o región. Esa tradición oral cambia porque no está fijada por escrito se transmite desde la oralidad de generación en generación.

“Ay Dios… ¿cuándo comeremos arroz?”
 “Ay Dios… ¿cuándo seremos dos?”
 “Ay Dios… ¿cuándo seremos dos, para que él trabaje y yo no?”
 “Ay Dios… ¿cuándo seremos dos y uno que diga ajo?”

En ellos se conserva la sabiduría popular, la lectura de la naturaleza y los saberes que también forman parte de nuestra de nuestro conocimiento del mundo:

“Cielo con lana, lloverá hoy o mañana.”
 “Viento del este, agua como peste.”
 “Siempre que llovió, paró.”

La textoteca incluye además la religión y sus oraciones:

“San Roque, San Roque, que este perro no me toque.”

“San Bento, san Bento, corto agua, corto vento.
 Que se vaya lejos, donde no haya ganado ni haya gente.”

Y los juegos. Primero, los de palabras y ritmos que llegan en el ámbito familiar:

“Arre, caballito,
 vamos a Belén,
 que mañana es fiesta
 y pasado también.”

Más tarde, aparecen los juegos de ronda o de manos, transmitidos entre pares. Como señala Ruth Kauffman (Kauffman, 2023), no son mediados por adultos, y por eso sobreviven versiones que no pasarían hoy el filtro de la corrección política:

“Sancho Panza
 mató a su mujer,
 porque no tenía dinero
 para ir al almacén…”

“Mi hermana tuvo un hijo,
 de loca lo mató,
 lo hizo picadillo
 y después se lo comió.
 En la calle 24
 una vieja mató un gato
 con la punta del zapato.
 Pobre vieja,
 pobre gato,
 pobre punta
 del zapato.”

Con la escolarización, se suman juegos de palabras y adivinanzas. Carlos Silveyra  (Silveyra, 2020) afirma que la literatura es, justamente, un conjunto de palabras que juegan entre sí: una forma de nombrar el mundo.

“Pérez anda,
 Gil camina,
 tonto es el que no adivina.”

Tampoco podemos dejar afuera los textos literarios transmitidos en la escuela. Hay generaciones que atravesamos por los mismos y aún los recordamos casi de memoria:

“Muchachuelo de brazos cetrinos
 que vas con tu cesta,
 rebosando naranjas pulidas
 de un caliente color ambarino.”

(Juana de Ibarbourou) (Ibarbourou, 1992)

Todos estos textos danzan en cada uno de nosotros. No forman una acumulación lineal, sino un tejido de hilos entrelazados. A veces los recordamos de manera fragmentaria, pero basta una palabra o una canción para que aflore otro texto unido a él.

Cada textoteca es personal. No existen dos caminos lectores idénticos, aunque sí compartimos ciertos textos. Se pueden distinguir tres dimensiones. La dimensión familiar, con palabras que solo cobran sentido en un entorno íntimo. La regional, con textos que compartimos con nuestros coterráneos (en Uruguay, por ejemplo, no hace falta contextualizar La gallina degollada, mientras que quizá un irlandés no conozca ese cuento).
Y la tercera dimensión la universal, con relatos conocidos por casi todos, como Caperucita Roja. Gianni Rodari (Rodari, 2006) lo explica así: “basta mencionar cinco palabras —niña, abuela, bosque, flores y lobo— para evocar el cuento”.

Es importante tomar conciencia de estos textos y valorar las particularidades de cada camino lector, para no caer en lo que Chimamanda Ngozi Adichie (Adichie, 2019) llama el peligro de una sola historia. Reconocer las textotecas personales y conocer sus orígenes e influencias es una forma de autoconocimiento y de defender el entramado cultural.


Bibliografía

Adichie, C. N. (2019). El peligro de la historia única / The Danger of a Single Story. PRH Grupo Editorial.

Bonnafé, M. (2023). Los libros, eso es bueno para los bebés. Océano.

Devetach, L. (2008). La construcción del camino lector. Comunicarte.

Ibarbourou, J. d. (1992). Raíz salvaje: el cántaro fresco. Editorial Losada.

Kauffman, R. (2023, Abril 29). Hueso duro ¿Esto es para niñes? Túquiti: Portal de Literatura infantil y juvenil. Retrieved Setiembre 24, 2025, from https://tuquitiportal.com/portal.html

Petit, M. (2008). Una Infancia en el país de los libros. Océano.

Rodari, G. (2006). Gramática de la fantasía : introducción al arte de inventar historias (M. Merlino, Trans.). Ediciones del Bronce.

Silveyra, C. (2020). Papeles reunidos sobre literatura infantil. Lugar editorial.