El libro álbum constituye, en la actualidad, uno de los formatos más relevantes dentro de la literatura infantil y juvenil (LIJ), tanto por su valor estético como por su potencial educativo.
Para abordar su desarrollo en Uruguay, es necesario comenzar por delimitar qué entendemos por libro álbum, concepto que, aunque ampliamente difundido, ha sido definido de diversas maneras por autores y especialistas.
Istvansch Schritter, entrevistado por María Emilia López en Artepalabra: voces en la poética de la infancia (2007), sostiene que:
“El libro álbum es un libro donde el texto y la imagen funcionan de una manera totalmente conjunta, donde uno no puede leer una de las partes sin leer la otra; es decir, que sin mirar el dibujo se pierde parte del texto, y sin leer el texto se pierde parte del dibujo.”
En una línea similar, Uri Shulevitz (1999), en su artículo “¿Qué es un libro álbum?”, afirma:
“El significado de las palabras en un libro álbum no está claro o queda incompleto sin las ilustraciones. Por ejemplo, no es posible leerle a los niños un libro álbum a través de la radio, porque no sería comprendido.”
A partir de estas definiciones, se propone indagar en los procesos históricos, culturales y editoriales que posibilitaron la consolidación del libro álbum en Uruguay, así como reflexionar sobre las condiciones que propiciaron la actual proliferación de obras de este tipo, muchas de ellas de alta calidad estética y narrativa.
En primer lugar, es necesario aclarar que el libro álbum no debe considerarse una producción exclusiva para las infancias. Como señala, mi cómplice, Rosa Passeggi, estos libros están dirigidos a “personas sensibles”, independientemente de su edad. Se trata, en efecto, de verdaderas obras de arte. Esta perspectiva coincide con la afirmación de la ilustradora checa Kveta Pacovská, quien sostenía que los libros ilustrados deberían constituir “la primera pinacoteca” a la que acceden los niños.
Asimismo, resulta indispensable ampliar el concepto de literatura infantil uruguaya. En este trabajo se entenderá por tal aquella producida por creadores nacidos o formados en Uruguay, sin limitar su definición a criterios de publicación o frontera política. Tal como se pregunta la crítica literaria: ¿los cuentos de Horacio Quiroga son uruguayos o argentinos? ¿La obra de Sebastián Santana, nacido en La Plata, pertenece a la literatura uruguaya o argentina? Más allá de las fronteras nacionales, lo que define un campo literario es el entramado de tradiciones, influencias, políticas culturales y circuitos editoriales en los que las obras se inscriben.
Etapas del desarrollo de la literatura infantil uruguaya
Siguiendo a Magdalena Helguera (2007) en A salto de sapo, pueden distinguirse tres grandes etapas en la evolución de la literatura infantil uruguaya:
- Etapa previa a los años 90
- El “boom” de los años 90
- La expansión a partir de los 2000
Helguera sostiene que la literatura infantil y juvenil avanza “a saltos de sapo”, primero con Saltoncito y luego con el Sapo Ruperto.
Estas divisiones cronológicas reflejan transformaciones estéticas, institucionales y editoriales que influyeron directamente en la configuración del libro álbum contemporáneo.
1. Etapa previa a los años 90
En este período predominan los textos de autores consagrados en la literatura para adultos que, de manera ocasional, escriben obras destinadas a niños. La mayoría de estos textos carece de un destinatario explícito y fueron incorporados a la lectura escolar a través del sistema educativo.
Se destacan, entre otros:
- Horacio Quiroga, Cuentos de la selva (1918)
- Paco Espínola, Saltoncito (1930)
- Juana de Ibarbourou, Chico Carlo (1944)
- Juan José Morosoli, Perico (1945)
- José María Da Rosa, Buscabichos (1970) y Gurises y pájaros (1973)
- Elena Pesce, El Cangurafo Bizco (1970)
Durante este período también tuvo gran relevancia la revista El Grillo (1949–1966), publicación escolar del Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal, distribuida gratuitamente en las escuelas.
Características generales del período:
- Función didáctica y moralizante.
- Temáticas costumbristas, folclóricas o centradas en la vida rural y animal.
- Protagonistas obedientes y modelos de conducta.
- Escasa o nula presencia de ilustraciones; diseño gráfico austero, tipografía pequeña y en blanco y negro.
- Ilustraciones enmarcadas y separadas del texto.
- Ausencia de autores integrales responsables tanto del texto como de la ilustración.
2. El “boom” de los años 90
Durante los años noventa se produce un cambio sustantivo en la concepción de la literatura infantil en Uruguay. Este proceso estuvo influido por movimientos latinoamericanos de promoción de la lectura y la literatura infantil, como el Banco del Libro (Venezuela) y ALIJA (Argentina).
A nivel local, la existencia del espacio infantil en la Biblioteca Nacional entre 1980 y 1989, bajo la dirección de Ana María Bavosi, y la fundación de IBBY Uruguay —por iniciativa de Bavosi, Sergio López Suárez, Susana Olaondo y otros mediadores, bibliotecarios, docentes, autores e ilustradores— marcaron un punto de inflexión.
En este contexto surgen políticas de fomento a la lectura, concursos literarios, ferias del libro y nuevas colecciones editoriales. El verdadero símbolo de esta etapa es la aparición del Sapo Ruperto, personaje creado por Roy Berocay, que introdujo humor, oralidad y cotidianidad en el panorama infantil uruguayo.
También destaca la colección “Leer para pensar y disfrutar”, editada por Mosca y dirigida por Ana María Bavosi, con el asesoramiento gráfico de Sergio López Suárez.
Rasgos distintivos:
- Incorporación de la fantasía y el humor.
- Lenguaje coloquial, cercano al habla de los niños.
- Temas sociales y ambientaciones urbanas.
- Mayor valoración de la ilustración como componente narrativo.
- Aparición de autores integrales dedicados exclusivamente a la creación para niños.
- Ilustraciones a color e imágenes a doble página.
- Integración de texto e imagen.
- Variedad de formatos, encuadernaciones y diseño editorial.
3. La expansión a partir de los 2000
Desde comienzos del siglo XXI, Uruguay experimenta una verdadera explosión editorial en el ámbito de la LIJ. Se consolidan librerías y bibliotecas especializadas, programas de formación para mediadores de lectura y políticas públicas que apoyan la profesionalización de ilustradores.
Surgen nuevas editoriales —Criatura, Más Pimienta, Morisqueta, Ediciones Carrusel— y colectivos como Migas de Papel. Se diversifican los géneros, incluyendo el libro álbum, la poesía ilustrada, la novela gráfica y las propuestas para la primera infancia.
Entre 2008 y 2013, el número de libros publicados anualmente supera los 300, lo que evidencia la consolidación del sector.
El reconocimiento del libro álbum: los Premios Bartolomé Hidalgo
Desde 2009, la Cámara Uruguaya del Libro incorporó la categoría Álbum Infantil y Juvenil en los Premios Bartolomé Hidalgo. Aunque esta decisión supuso un avance, resulta pertinente analizar si todas las obras premiadas responden al concepto teórico de libro álbum, entendido como la integración indisoluble entre texto e imagen.
Un hecho significativo se produjo en 2011, cuando el premio se otorgó únicamente al texto de Así reinaba el rey reinante, de Virginia Brown. A partir de una movilización impulsada por colectivos de ilustradores y mediadores —como ILUYOS—, la Cámara resolvió reconocer también a Valentina Echeverría como ilustradora, estableciendo así el criterio de autoría compartida que hoy caracteriza a la categoría.
Cabe señalar que los Premios Bartolomé Hidalgo contemplan únicamente obras publicadas en Uruguay, sin considerar aquellas de artistas uruguayos editadas en el extranjero.
Continuidades y diálogos entre pasado y presente
La historia de la ilustración en Uruguay revela múltiples vasos comunicantes entre las producciones del pasado y las actuales. Un ejemplo elocuente es Mañana viene mi tío, de Sebastián Santana, obra que el propio autor reconoce como un homenaje a La línea, de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes. Aunque Doumerc y Barnes no eran uruguayos, Barnes residió en el país e ilustró Perico, de Juan José Morosoli, estableciendo así una línea de continuidad estética y simbólica entre generaciones de ilustradores.
Conclusión
El desarrollo del libro álbum en Uruguay es el resultado de un proceso complejo que articula políticas culturales, formación artística, tradición literaria y expansión editorial. Desde las primeras experiencias de la literatura infantil del siglo XX hasta la consolidación del libro álbum como obra artística contemporánea, puede observarse una progresiva valorización de la imagen, del lenguaje visual y de la lectura como experiencia estética integral.
El libro álbum, en este sentido, no solo amplía los horizontes de la literatura infantil, sino que constituye una manifestación significativa de la cultura escrita y visual uruguaya. Su estudio permite comprender cómo las nuevas generaciones de creadores continúan reinventando los vínculos entre palabra e imagen, enriqueciendo así el panorama cultural del país.
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