jueves, 6 de noviembre de 2025

La literatura infantil y juvenil desde una perspectiva de género

Este texto analiza la literatura infantil y juvenil (LIJ) desde una perspectiva de género, entendiendo que los textos destinados a las infancias y adolescencias reproducen, tensionan o transforman los roles y estereotipos presentes en la sociedad. Se abordan la invisibilización histórica de las mujeres en la LIJ, la vigencia de estereotipos en la tradición oral y en los cuentos clásicos, así como los cambios derivados del movimiento feminista y la ampliación contemporánea de las representaciones sobre identidad, cuerpo, afectos y familia. Finalmente, se enfatiza el papel de las mujeres como mediadoras culturales y la necesidad de una mirada crítica en la selección y circulación de los libros.

Introducción

Analizar la literatura infantil y juvenil (LIJ) desde una perspectiva de género implica comprender que la producción cultural destinada a niños, niñas y adolescentes no es neutral. Los textos reflejan y reproducen sistemas de valores, relaciones de poder y modelos identitarios vinculados al género, la clase social, la edad, la etnia o la educación. Esta perspectiva permite interrogar cómo se construyen las identidades femeninas y masculinas, qué modelos de familia se legitiman y cuáles son las voces que históricamente han sido marginadas o silenciadas.

Invisibilización de las mujeres en la historia literaria

Tal como plantea Ana Garralón (2024) en Las incursoras, las mujeres han estado presentes desde los orígenes de la literatura infantil y juvenil, aunque sus aportes se han vuelto invisibles debido a sesgos patriarcales en la transmisión cultural. Narradoras como Sherezade en Las mil y una noches o las mujeres que relatan en El Pentamerón son ejemplos tempranos de esta presencia.

Autoras fundamentales como Madame d’Aulnoy —quien acuñó el concepto de “cuento de hadas”— o Jeanne-Marie Leprince de Beaumont —responsable de la versión más difundida de La bella y la bestia— quedaron opacadas por la centralidad otorgada a Perrault y los hermanos Grimm. Asimismo, Jella Lepman fue clave en la creación de redes internacionales de promoción lectora en la posguerra, aunque su figura recién comienza a ser recuperada.

La historia de la ilustración también ha desestimado a creadoras como Beatrix Potter, pionera en concebir el libro como objeto completo, pensando en su soporte, tamaño, tipografía, técnicas de ventas. Muchas escritoras recurrieron al anonimato o a seudónimos masculinos para sortear los prejuicios editoriales, como las hermanas Brontë o J. K. Rowling a quien le recomendaron firmar con sus iniciales para ser más leída por los varones. 

Género y tradición oral

La tradición oral ofrece un registro temprano de imaginarios patriarcales. Refranes, coplas, rondas y nanas transmiten una visión de la mujer asociada a la subordinación y al control. Como señala García Lorca (1989), las nanas contienen tanto amor como mandatos, y funcionan como dispositivos de socialización temprana de los roles de género.

Todos los trabajos son

para las pobres muyeres,

aguardando por las noches 

que los maridos vinieren.

Unos venían borrachos

otros venían alegres,

otros decían: - Muchachos,

vamos matar las muyerres.

Ellos pédíen de cenar;

ellas que darles no tienen

¿Qué ficiste los dos riales?

Muyer, ¡qué gobierno tienes!

Estereotipos femeninos en los cuentos de tradición

Los cuentos más difundidos —sobre todo en sus adaptaciones audiovisuales— han consolidado arquetipos femeninos: la joven bella y pasiva frente a la mujer madura y malvada, o la víctima frente al agresor masculino (Piel de asno, Barba Azul).

Otras narraciones, no obstante, presentan protagonistas femeninas activas —como Gretel en Hansel y Gretel— o figuras ambiguas como brujas y hadas, que combinan sabiduría y marginalidad.

Las reescrituras contemporáneas que buscan mostrar mujeres “fuertes” pueden, sin embargo, caer en simplificaciones ideológicas que borran la complejidad simbólica y literaria del cuento.

Representaciones de género en los materiales escolares

Los manuales de lectura tradicionales han reforzado la división sexual del trabajo, fijando roles diferenciados para niñas y niños. Un ejemplo es Libro primero de lectura, de Abadie y Zarrilli, donde la protagonista femenina se vincula al ámbito doméstico, mientras el protagonista masculino accede al espacio público. Estos modelos construyen identidades rígidas donde ambos géneros resultan limitados.

De la crítica feminista a nuevas representaciones

Con el surgimiento de la crítica feminista en la década de 1970, la LIJ comenzó a incorporar otros modos de representación. Colecciones como A favor de las niñas (1975) denuncian la desigualdad de género y proponen protagonistas diversas. Textos como La tejedora (Marina Colasanti, 1976) o Chao (Lygia Bojunga, 1984) rompen con la pasividad asignada comúnmente a los personajes femeninos.

En la actualidad, la LIJ amplía las experiencias identitarias y afectivas: maternidades no idealizadas, masculinidades sensibles, identidades LGBTIQ+, cuerpos disidentes y familias diversas, en obras como El vestido de mamá, El libro de los cerdos o Oliver Button es un nena, Madrechillona, La esposa del Conejo Blanco.


Lenguaje, adolescencia y diversidad

El debate sobre el lenguaje inclusivo ha repercutido en la LIJ. Un ejemplo ilustrativo aparece en Los tres bandidos, donde cambios mínimos en términos de género modifican por completo las representaciones. 

En la primera edición:

Eran unos tipos terribles. Cuando ellos aparecían las mujeres se desmayaban de miedo. Los perros corrían ladrando. Hasta los hombres más valientes huían.

En ediciones posteriores:

Eran unos tipos terribles. Cuando ellos aparecían algunos se desmayaban de miedo. Los perros corrían ladrando. Hasta los más valientes huían

Por otra parte, la narrativa juvenil incorpora temáticas antes excluidas, como la autonomía corporal o la participación femenina en el deporte. Pateando lunas (Berocay, 1992), en Uruguay, constituye un hito en este sentido.

No se puede.

—Pero, ¿por qué?

El padre ca mi na ba al re de dor de la ha bi ta ción, mo vía la ca be za co mo si tuviera algún tor ni llo a punto de aflojarse y miraba a la niña.

—Porque eres una niña.

—¿Y eso qué tiene que ver?

¿Qué tenía que ver? Mayte era una niña, eso era cierto, una niña de nueve años, algo bajita y flaca, pero tenía piernas fuertes.

Eso le decían siempre sus amigos, el cómico Javier que se pasaba todo el día haciendo chistes malísimos o Salvador que siempre parecía tener un skate pegado a los pies: “Tenés piernas fuertes, podés jugar, estamos seguros”.

Pero para los padres de Mayte el asunto era diferente: ella era una niña, las niñas juegan con muñecas, hacen comiditas, se portan bien, dicen buen día, buenas tardes y todas esas cosas. ¿Cómo iba a ocurrírsele a Mayte quería ser jugadora de fútbol?

Mujeres mediadoras y creación cultural

Las mujeres ocupan un lugar central en la educación, la bibliotecología, la edición y la mediación lectora. Sin embargo, las decisiones institucionales siguen estando marcadas por estructuras patriarcales que jerarquizan otras voces. Reconocer a estas mediadoras es fundamental para comprender los procesos de circulación y legitimación de la LIJ.

Conclusiones

Leer la LIJ desde una perspectiva de género implica revisar críticamente nuestras ideas sobre la infancia, las relaciones afectivas y los roles que la sociedad asigna a mujeres y varones. La producción contemporánea ha avanzado hacia representaciones más diversas, pero aún persisten modelos tradicionales en la industria cultural, la escuela y los circuitos de consumo.

Visibilizar a las creadoras, recuperar la tradición desde una mirada feminista y promover lecturas críticas son pasos necesarios para que niñas, niños y jóvenes accedan a narrativas más libres y plurales.

Bibliografía

Abadie, F., & Zarrilli, R. (1955). Libro primero de lectura. Barreiro y Ramos.

Barragán Medero, F. (1989). Conocimiento social, sexismo y literatura infantil. CLIJ: Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil, (8), 11–14.

Berocay, R. (1992). Pateando lunas. Mosca.

Bojunga, L. (1984). Chao. Aguilar.

Cabal, G. B. (1998). Mujercitas ¿eran las de antes? y otros escritos: El sexismo en los libros para chicos. Sudamericana.

Calvino, I. (1994). Cuentos populares italianos (A. Bernárdez, Trad.). Siruela. 

Colasanti, M. (1976). La tejedora. Global Editora.

Colomer, T. (1994). A favor de las niñas: El sexismo en la literatura infantil. CLIJ: Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil, (64), 7–24.

d’Aulnoy, M.-C. (1697). Contes des fées. Barbin.

Fuertes, G. (2017). Poeta de guardia. Blackie Books.

García Lorca, F. (1989). Las nanas: canciones de cuna españolas. Pepitas de calabaza.

Garralón, A. (2024). Las incursoras: Mujeres, libros, infancia. Las Afueras.

Leprince de Beaumont, J.-M. (1756). La belle et la bête.

Lepman, J. (2019). Una biblioteca para la paz. Creotz. 

Mistral, G. (2001). Poesías completas. Fondo de Cultura Económica.

Orquín, F. (1989). La nueva imagen de la mujer. CLIJ: Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil, (8), 14–19.

Pastor, A. A. (2009–2010). Roles y diferenciación de género en la literatura infantil. Revista Borradores, (7), 1–11.

Pereira Silveira, L. (2023). La representación de la mujer en la literatura infantil y juvenil: Una mirada desde el libro álbum a partir de la década del 70 (Tesis de grado, Facultad de Información y Comunicación, Universidad de la República, Uruguay). Disponible en: https://hdl.handle.net/20.500.12008/43312

Perrault, C. (2014). Cuentos de antaño. Alianza Editorial. 

Perriconi, G. (2015). La construcción del género en la literatura infantil y juvenil. Lugar Editorial.

Potter, B. (1902). The tale of Peter Rabbit. Frederick Warne & Co.

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Ungerer, T. (2008), Los tres bandidos. Kalandraka.

Ungerer, T. (1994), Los tres bandidos. Susaeta.