miércoles, 31 de julio de 2024

¿Existe un vínculo entre la palabra y el juego?



Como dice el arroz con leche, yo me quiero casar con una señorita del barrio oriental, que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar. Yo, Débora, quiero jugar y pensar, con otros, los vínculos entre el juego y las palabras.

Vínculo que parece inexistente, o peor aún, opuesto, quien no escuchó (o peor aún, dijo): "Deja de jugar y anda a leer un rato". "El nene no me lee nada, se pasa todo el día jugando". ¿Qué decimos cuando decimos esto: "juego malo, lectura buena"? La lectura como un valor importante a defender. Si salimos a la calle, nadie nos va a decir que la lectura no está bien. Es un valor que tiene reconocimiento.  En realidad, hay pocos lectores, no tenemos tiempo para leer, no hay políticas públicas que apoyen la lectura, ni fondos para bibliotecas, pero en el discurso todos creemos que la lectura vale. Esto le impone un halo de seriedad a la lectura, y cuidado, también presión social. En la otra mano, el juego como pérdida de tiempo o irreflexivo, como algo pasivo, que no aporta ninguna utilidad, es un tiempo improductivo. Esto lo podemos extrapolar a todo tiempo de ocio, y, peligrosamente, a toda la actividad artística.  Pero olvidamos que el juego es lo que permite el descubrimiento, la experimentación, el ensayo y el error. A mí me gustaría llegar a un equilibrio que, si la lectura es importante como decimos, sea un juego, que sea lúdica. Quiero sacarle presión social y seriedad a la lectura y darle un poco de respetabilidad al juego y al acto de jugar. Dice Ana Ordás, que de estas cosas sabe mucho más que yo, que «al igual que un libro, el juego nos permite conocer otros mundos; los juegos nos enseñan que equivocarse es una forma de aprender, mejorar, y al final nos motiva a ser mejores personas». Lo de mejores personas, para mí, es una idealización; yo lo pondría entre comillas, tanto para el libro como para el juego, pero ¿quién soy yo para disentir con Ordás?  Esto es en la época anterior a las pantallas; en la actualidad, esta supuesta dicotomía se ha vuelto más intensa. Las frases más comunes son: "Los jóvenes no leen". "Se pasan todo el día con el celular o jugando en la computadora". Yo me pregunto: ¿Nos acercamos a ver cuáles son esos consumos en el celular o en la computadora? ¿Conocemos los juegos que juegan en red? ¿Intentamos jugar con ellos? ¿Proponemos alternativas de juegos de mesa para sacarlos de las pantallas? ¿Existen espacios alternativos para que estos niños y jóvenes lean y jueguen? Hoy, cada día somos más los que nos hacemos estas preguntas. Me voy por un caminito, me voy por otro, pero quiero volver al vínculo, palabra y juego; apedrear el mito de que nada tienen que ver uno con el otro… Hay una relación muy unida entre ambos desde que nacemos; es la forma en que nos integran a la familia y la comunidad, nos sociabilizan a través del juego y las palabras.  Esto no lo estoy inventando yo; Evelio Cabrejo y María Emilia López, cuando hablan de la primera infancia, ponen el ritmo y el juego como primer contacto del bebe con el mundo adulto.  También el pedagogo italiano Tonucci dice que a través del juego el niño aprende y se desarrolla en los primeros años de vida, y destaca la importancia del juego en la etapa previa a la escolarización. Es cuando el niño es más flexible y aprende más cosas. Algo tan sencillo como el "¿Dónde está el bebé"? "No tá, acá ", que levante la mano aquel que nunca lo hizo o no vio a un adulto jugar con un bebé de esta manera.  Nuestra llegada al mundo y la forma de relacionarnos con los otros está dada por estas palabras, juegos y ritmos, y los vamos repitiendo de generación en generación, ¿entonces cuándo le perdemos el respeto al juego o lo desvalorizamos frente a otras prácticas?  Estos juegos, textos y ritmos que nos reciben al nacer, según Laura Devetach, forman parte de nuestra textoteca personal. Aunque no seamos conscientes de ellos, en algún lado de nuestra memoria están las nanas, los arrullos, los juegos de manos o las rondas.  Pregunten en su casa, piensen en eso, pregunten a sus adultos, rebusquen en la memoria esos textos y juegos que otros les transmitieron o que Uds. les transmitieron a otros. "Tortita de manteca para mamá que da la teta, tortita de cebada para papá que no da nada…" "Este encontró un huevito, este lo cocinó, este lo peló y este le puso sal, este gordito se lo comió…" "¡Juguemos en el bosque mientras el lobo no está! ¿Lobo está?." "Zapatitos de charol, botellita de licor, hay de menta, hay de rosa para mi querida esposa que se llama doña Rosa y piso una babosa…" Graciela Montes, cuando habla del corral de la infancia, también pone a los juegos como una forma de ampliar la frontera indómita, romper con esas barreras con las que los adultos queremos controlar la infancia… María Elena Walsh sostiene que el juego y la imaginación son el territorio de la infancia.  Cuando pensamos en juegos de mesa, a mí me queda una duda con este vínculo. Estoy segura del vínculo entre palabra y juego, pero no estoy tan segura de que exista una relación directa e inequívoca entre lectores y jugadores. No sé si todo lector se va a interesar en los juegos. No sé si toda persona apasionada por los juegos va a terminar siendo un lector.  Yo vengo del área de la lectura y lo que sí puedo asegurarles, basada en mi experiencia personal, la de amigos y en mis lecturas teóricas, es que los lectores no solo leemos texto, leemos rostros, situaciones, paisajes, imágenes, esculturas, cine, teatro; lo que nos interesa es lo narrativo, no importa en qué formato se presente, y la mayoría de los juegos presentan un gran valor narrativo que nos permite no solo leer, sino también construir universos. Y es cada vez más frecuente encontrarnos con juegos que se vuelven series y películas, series o historietas que se vuelven juegos.  Los universos de Tolkien, Lovecraft, Conan Doyle o la Rowling son cada vez más reproducidos en juegos, o, a la inversa, personajes de los juegos invaden otros medios como Tomb Raider o Mario Bros.  Esto sin adentrarnos en los juegos de rol, donde partidas del juego se han transformado en libros o los juegos se basan en universos literarios… Es como si los universos narrativos deambularan libremente por los diferentes reinos, perdón, quise decir medios.  Los seguidores de Big Bang Theory vemos a los amigos jugar diferentes juegos, principalmente al Catán o al ajedrez 3D nacido en la serie Star Trek, la isla prohibida. Los que no vieron la última temporada de True Detective los invito a descubrir qué juegos de mesa tienen los científicos en el centro de investigación. Lo pueden ver en el capítulo uno o dos. Confieso que congelé la imagen y me felicité por tener algunos de ellos en la ludoteca de la biblioteca en donde trabajo, donde casualmente estudian científicos. Esperamos que tengan mejor suerte que los de True Detective. En conclusión, lo que sí es seguro es el diálogo permanente entre los universos de los juegos y el de la lectura. Y volviendo a las preguntas que me hacía hace un rato sobre los jóvenes y la lectura, no será que ellos lo que hicieron fue cambiar el formato de lectura y, en vez de libros, están leyendo juegos. No lo puedo dar por cien por ciento seguro, pero creo que por ahí viene la mano. 

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