Como dice el arroz con leche, yo me quiero casar con una señorita del barrio oriental, que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar. Yo, Débora, quiero jugar y pensar, con otros, los vínculos entre el juego y las palabras.
Vínculo que parece inexistente, o peor aún, opuesto, quien no escuchó (o peor aún, dijo): "Deja de jugar y anda a leer un rato". "El nene no me lee nada, se pasa todo el día jugando". ¿Qué decimos cuando decimos esto: "juego malo, lectura buena"? La lectura como un valor importante a defender. Si salimos a la calle, nadie nos va a decir que la lectura no está bien. Es un valor que tiene reconocimiento. En realidad, hay pocos lectores, no tenemos tiempo para leer, no hay políticas públicas que apoyen la lectura, ni fondos para bibliotecas, pero en el discurso todos creemos que la lectura vale. Esto le impone un halo de seriedad a la lectura, y cuidado, también presión social. En la otra mano, el juego como pérdida de tiempo o irreflexivo, como algo pasivo, que no aporta ninguna utilidad, es un tiempo improductivo. Esto lo podemos extrapolar a todo tiempo de ocio, y, peligrosamente, a toda la actividad artística. Pero olvidamos que el juego es lo que permite el descubrimiento, la experimentación, el ensayo y el error. A mí me gustaría llegar a un equilibrio que, si la lectura es importante como decimos, sea un juego, que sea lúdica. Quiero sacarle presión social y seriedad a la lectura y darle un poco de respetabilidad al juego y al acto de jugar. Dice Ana Ordás, que de estas cosas sabe mucho más que yo, que «al igual que un libro, el juego nos permite conocer otros mundos; los juegos nos enseñan que equivocarse es una forma de aprender, mejorar, y al final nos motiva a ser mejores personas». Lo de mejores personas, para mí, es una idealización; yo lo pondría entre comillas, tanto para el libro como para el juego, pero ¿quién soy yo para disentir con Ordás? Esto es en la época anterior a las pantallas; en la actualidad, esta supuesta dicotomía se ha vuelto más intensa. Las frases más comunes son: "Los jóvenes no leen". "Se pasan todo el día con el celular o jugando en la computadora". Yo me pregunto: ¿Nos acercamos a ver cuáles son esos consumos en el celular o en la computadora? ¿Conocemos los juegos que juegan en red? ¿Intentamos jugar con ellos? ¿Proponemos alternativas de juegos de mesa para sacarlos de las pantallas? ¿Existen espacios alternativos para que estos niños y jóvenes lean y jueguen? Hoy, cada día somos más los que nos hacemos estas preguntas. Me voy por un caminito, me voy por otro, pero quiero volver al vínculo, palabra y juego; apedrear el mito de que nada tienen que ver uno con el otro… Hay una relación muy unida entre ambos desde que nacemos; es la forma en que nos integran a la familia y la comunidad, nos sociabilizan a través del juego y las palabras. Esto no lo estoy inventando yo; Evelio Cabrejo y María Emilia López, cuando hablan de la primera infancia, ponen el ritmo y el juego como primer contacto del bebe con el mundo adulto. También el pedagogo italiano Tonucci dice que a través del juego el niño aprende y se desarrolla en los primeros años de vida, y destaca la importancia del juego en la etapa previa a la escolarización. Es cuando el niño es más flexible y aprende más cosas. Algo tan sencillo como el "¿Dónde está el bebé"? "No tá, acá tá", que levante la mano aquel que nunca lo hizo o no vio a un adulto jugar con un bebé de esta manera. Nuestra llegada al mundo y la forma de relacionarnos con los otros está dada por estas palabras, juegos y ritmos, y los vamos repitiendo de generación en generación, ¿entonces cuándo le perdemos el respeto al juego o lo desvalorizamos frente a otras prácticas? Estos juegos, textos y ritmos que nos reciben al nacer, según Laura Devetach, forman parte de nuestra textoteca personal. Aunque no seamos conscientes de ellos, en algún lado de nuestra memoria están las nanas, los arrullos, los juegos de manos o las rondas. Pregunten en su casa, piensen en eso, pregunten a sus adultos, rebusquen en la memoria esos textos y juegos que otros les transmitieron o que Uds. les transmitieron a otros. "Tortita de manteca para mamá que da la teta, tortita de cebada para papá que no da nada…" "Este encontró un huevito, este lo cocinó, este lo peló y este le puso sal, este gordito se lo comió…" "¡Juguemos en el bosque mientras el lobo no está! ¿Lobo está?." "Zapatitos de charol, botellita de licor, hay de menta, hay de rosa para mi querida esposa que se llama doña Rosa y piso una babosa…" Graciela Montes, cuando habla del corral de la infancia, también pone a los juegos como una forma de ampliar la frontera indómita, romper con esas barreras con las que los adultos queremos controlar la infancia… María Elena Walsh sostiene que el juego y la imaginación son el territorio de la infancia. Cuando pensamos en juegos de mesa, a mí me queda una duda con este vínculo. Estoy segura del vínculo entre palabra y juego, pero no estoy tan segura de que exista una relación directa e inequívoca entre lectores y jugadores. No sé si todo lector se va a interesar en los juegos. No sé si toda persona apasionada por los juegos va a terminar siendo un lector. Yo vengo del área de la lectura y lo que sí puedo asegurarles, basada en mi experiencia personal, la de amigos y en mis lecturas teóricas, es que los lectores no solo leemos texto, leemos rostros, situaciones, paisajes, imágenes, esculturas, cine, teatro; lo que nos interesa es lo narrativo, no importa en qué formato se presente, y la mayoría de los juegos presentan un gran valor narrativo que nos permite no solo leer, sino también construir universos. Y es cada vez más frecuente encontrarnos con juegos que se vuelven series y películas, series o historietas que se vuelven juegos. Los universos de Tolkien, Lovecraft, Conan Doyle o la Rowling son cada vez más reproducidos en juegos, o, a la inversa, personajes de los juegos invaden otros medios como Tomb Raider o Mario Bros. Esto sin adentrarnos en los juegos de rol, donde partidas del juego se han transformado en libros o los juegos se basan en universos literarios… Es como si los universos narrativos deambularan libremente por los diferentes reinos, perdón, quise decir medios. Los seguidores de Big Bang Theory vemos a los amigos jugar diferentes juegos, principalmente al Catán o al ajedrez 3D nacido en la serie Star Trek, la isla prohibida. Los que no vieron la última temporada de True Detective los invito a descubrir qué juegos de mesa tienen los científicos en el centro de investigación. Lo pueden ver en el capítulo uno o dos. Confieso que congelé la imagen y me felicité por tener algunos de ellos en la ludoteca de la biblioteca en donde trabajo, donde casualmente estudian científicos. Esperamos que tengan mejor suerte que los de True Detective. En conclusión, lo que sí es seguro es el diálogo permanente entre los universos de los juegos y el de la lectura. Y volviendo a las preguntas que me hacía hace un rato sobre los jóvenes y la lectura, no será que ellos lo que hicieron fue cambiar el formato de lectura y, en vez de libros, están leyendo juegos. No lo puedo dar por cien por ciento seguro, pero creo que por ahí viene la mano.miércoles, 31 de julio de 2024
martes, 14 de noviembre de 2023
Libros para niños y jóvenes, de autores uruguayos, que mencionan la dictadura
viernes, 14 de julio de 2023
Cuentos no ofensivos para niños sensibles
Roald Dahl se convirtió en trending topic en Twitter por la decisión de la editorial Penguin's Puffins de adaptar sus obras para retirar todo el lenguaje que puede ser considerado "ofensivo" y darle un sesgo de género.
Tanto la editorial como la Roald Dahl Story Company han contado con el apoyo del colectivo Inclusive Minds, enfocado en la inclusión y diversidad, para que sus libros “puedan seguir siendo disfrutados por todos hoy". ¿Vieron que la censura siempre viene justificada? Y si es por el bien de los niños mucho mejor, aunque sean los que más pierden en este caso. Permítanme dudar de ese "todos", todos podrían disfrutar de las obras de Dahl si todos accedieran a la lectura, si hubiera bibliotecas para todos. ¿O cuándo decimos todos nos referimos a los privilegiados de siempre que tienen acceso a los libros, que pueden comprar un libro o que tuvieron la suerte de encontrarse con un buen mediador en su vida?
La noticia dice que la editorial ha contratado a "lectores sensibles" para que realicen estás adaptaciones. Me queda la duda de qué se considera sensible, quién decide que palabras o párrafos cambiar y cuál es el límite de esa adaptación, no es solo que desaparezcan palabras como "feo" de las descripciónes de los personajes.
Se sustituirán palabras, gordo por enorme, blanco por pálido, hombres por personas.
Cambiarán frases enteras, en Las Brujas cuando el protagonista dice que tirará del pelo a las mujeres para saber si llevan pelucas porque son brujas, su abuela le responde "No puedes andar tirando del cabello de cada dama que conoces". Con la adaptación ella le responde "Hay muchas otras razones por las que las mujeres pueden usar pelucas y ciertamente no hay nada de malo en eso".
También se sustituyen citas de Dahl a otros autores, Matilda ya no lee a Kipling, ahora lee a Jane Austen.
¿No es lo mismo, no?
Me da la sensación de que las modificaciones van a lavar la obra de Dahl, se perderá su concepción de infancia y de LIJ. ¿Dónde está el lector implícito para quienes van dirigidas sus obras?
En sus propias palabras "“muchos adultos pueden perturbarse con mis libros, son mayormente para niños. Los adultos no se dan cuenta de lo diferentes que son los niños a ellos. Los pequeños son más vulgares y tienen un sentido del humor más cruel
Es verdad que cada palabra conlleva una carga ideológica, por algo Dahl puso grodo y no inmenso, blanco y no pálido. El creía que la vida de un autor era un verdadero infierno, cada día era un verdadero tormento a la espera de ideas nuevas y que dos horas de trabajo lo dejaban exhausto. ¿Pobre hombre, cuánto trabajo para que lectores sensibles quiten las palabras ofensivas de sus obras?
Estás obras ya eran clásicos, entendidos como obras que no han perdido vigencia y que aún tienen algo para decir. ¿Era necesario adaptarlas? En esta necesidad de ser políticamente correctos no sería mejor escribir libros nuevos que sean "inclusivos" y "no ofensivos" y dejarlos en el mercado junto a otras obras ya existentes y que sean los lectores que decidan que quieren leer
Nuevamente los adultos y el mercado subestimamos a los niños y jóvenes. La corrección política del momento pasa por encima del valor literario. Y cuando digo adultos digo todos, no hay inocentes, todos somos responsables padre, madre, tutor, maestro, bibliotecario, etc. Todos formamos parte del mercado, todos le exigimos a la lij, cosas que no le exijimos a la mal llamada literatura con mayúsculas. Queremos que la lij eduque a los niños, les transmita valores, les enseñe a manejar sus emociones. ¿Cuándo empezaremos a exigirle a la lij que sea ARTE con mayúsculas?
Parafraseando a Dahl ... ( ya que está permitido cambiar palabras de sus frases)
"Los censores de verdad visten ropa normal y tienen un aspecto muy parecido al de las personas normales. Viven en casas normales y hacen trabajos normales.
Por eso son tán difíciles de atrapar"
Dahl sostenía que los libros para niños deberían ser divertidos, emocionantes y maravillosos, ¿con estás adaptaciones sus obras no pierden estos atributos?
Está no es la primera vez que la obra de Dahl no pasa el filtro de la censura, sus obras ya han sido censurados por los personajes no estereotipados. ¿Cómo es posible que el papá de Matilda sea un estafador? ¿Qué las tías maltraten a James? ¿Qué la abuela de Jorge sea un personaje tan antipático?
Pero por suerte estos libros esquivaron todas estas críticas y llegaron a las manos de los lectores. El humor y el absurdo hicieron que se quedaran entre los preferidos de los niños y jóvenes.
Lo primero que pensé al leer la noticia fue pobre Roald. Pero dos segundos después me di cuenta que los perjudicados éramos los lectores, y peor aún los lectores que vendrán. Los que ya conocemos la obra o tenemos ediciones anteriores no vamos a tener problema, pero un lector nuevo que quiera acercarse a la obra de este autor ¿qué edición encontrará? ¿Llegó el momento de correr a las librerías usados por las ediciones anteriores Matilda, Las brujas, Los cretinos, etc.?
Un espacio en dónde estarán las palabras "ofensivas" serán en las bibliotecas. Tendremos que atesorar y defender esos viejos ejemplares ¿o también vendrán por ellos?
Me queda la pregunta sobre las traducciones que ya son la mirada del traductor sobre la obra del autor, ¿incluirán está nueva faceta de corrección política?
No es el primer autor que pasa por esta limpieza ideológica, pensemos en los cuentos clásicos o más acá en el tiempo en el libro Los tres Bandidos de Tomi Ungerer.
"Eran tipos terribles. A su vista, las mujeres se desmayaban de miedo, a los perros se les encogía la cola y hasta los hombres más valientes salían huyendo" (Susaeta, 1990)
"¡Eran unos tipos terribles!
Cuando ellos aparecían,
algunos se desmayaban de miedo,
los perros metían el rabo entre las piernas,
y hasta los más valientes huían." (Kalandraka, 2007)
¿Y por casa qué piensan del tema adaptación para que sea accesible a todos o censura?
